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La causa
EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN
En marzo de 1983 se presentaron en el convento de Algorta el P. General de la Orden, P. Ignacio Vizcarguenaga; el Postulador de la Orden, P. Teodoro Zamalloa y el P. Provincial de nuestra Provincia, P. José Antonio Echevarría con la grata noticia de que en el mes de julio sería la Beatificación del Venerable Domingo Iturrate. Ante esta buena noticia, toda la Comunidad y los religiosos de la Orden se congratularon y vieron que era preciso comunicar tan fausto acontecimiento para Bizkaia a las autoridades religiosas y civiles, ya que era el segundo Beato de Bizkaia.
ENCUENTRO CON LAS AUTORIDADES
Al primero que se le visitó fue al Sr. Obispo de la Diócesis D. Luis María Larrea. Se le informó de la próxima beatificación del Venerable Domingo Iturrate que sería a finales de julio y le correspondería la petición de su postulación en el momento de la Beatificación. El Señor Obispo con sumo agrado recibió la noticia y su disposición para preparar todo y estar presente en el Vaticano.
La segunda visita fue al Diputado General de Bizkaia, D. Jose Mª Makua, a quien se le trasmitió también la noticia y la invitación para que estuviera presente en el Vaticano en día tan señalado. El Diputado General prometió que estaría presente un representante de la Diputación, como así fue en su nombre D. Antonio Aurre, Presidente de las Juntas Generales de Bizkaia.
Quedaba comunicar la invitación al Lehendakari D. Carlos Garaikoetexea. Una mañana nos recibió el Lehendakari en Ajuria Enea y en grata charla nos comunicó que le gustaría ir como representante de Euskadi y si no, enviaría un representante. Finalmente, asistió Javier Caño, Consejero de Presidencia del Gobierno Vasco.
PREPARACIÓN DEL ACONTECIMIENTO
Se nombró una comisión para preparar la Beatificación. En primer lugar, era preciso escribir varias biografías del nuevo Beato. Para la edición popular escribió el P. Manuel Fuentes, Trinitario, el folleto LA VOLUNTAD DE SER SANTO. Otra más amplia y documentada, JUVENTUD COMPROMETIDA – BEATO DOMINGO ITURRATE, la escribió el P. Carlos María Zabala, Trinitario y un folleto, VIVENCIAS DEL P. DOMINGO, corrió a cargo del P. Juan Mª Iturrate.
También se encargó al pintor Víctor Sarriugarte el cuadro que estaría en la fachada del Vaticano el día de la Beatificación. Actualmente está en la Parroquia del Santísimo Redentor, en la pared que está encima de la entrada a la capilla del Beato
Para las peregrinaciones a Roma se contrató a la agencia de viajes Panavisión y fue el P. Juan Mª Iturrate quien se encargó de hablar con ellos.
Respecto a la propaganda de la Beatificación y los diversos viajes que se iban a organizar, la HOJA DEL P. DOMINGO se encargó de difundir toda la información con estampas, folletos y carteles.
COMIENZAN LAS DIFICULTADES
La primera fue que la vida documentada del P. Carlos María estaba tardando y no iba a estar para finales de julio. Ante este hecho, el Postulador, P. Teodoro, solicitó a la Santa Sede retrasar la beatificación hasta el mes de octubre, cosa que se le concedió para el día 30.
La segunda fue que el 23 de agosto hubo unas inundaciones en Bilbao y la imprenta que estaba preparando los libros quedó anegada en barro y lodo. El tiempo apremiaba y veíamos que no iban a estar la edición de los libros. Los directores de la imprenta nos decían que trabajarían día y noche y que los libros estarían para la beatificación. La verdad es, que después de sufrir mucho, los libros llegaron para cuando salían los autobuses hacia Roma.
La tercera fue que 15 días antes de la beatificación llamó el P. Postulador desde Roma diciendo que el cuadro que había pintado Víctor Sarriugarte no tenía las dimensiones exigidas para ponerlo en la logia Vaticana. A toda prisa se buscó en Barcelona una lona con las dimensiones exigidas y el pintor Sarriugarte, con un tesón digno de mención, día y noche, pintó el cuadro, que antes había diseñado, según las medidas exigidas.
El pintor preparó un cajón para enviarlo vía aérea a Roma. El P. Juan Mª cogió el cajón y lo entregó en el aeropuerto de Bilbao para su envío a Roma. Y aquí viene la sorpresa: que a la hora de comer nos damos cuenta que el pintor no había metido el lienzo en el cajón y por tanto no se había llevado al aeropuerto. Llamando al aeropuerto se pudo arreglar, ya que el cajón no había salido para Roma.
El último escollo fue que, cuando fueron a recogerlo al aeropuerto de Roma les dijeron que, como era un cuadro, se necesitaba un permiso especial para sacarlo y que podría tardar entre mes y medio y dos meses. Y la beatificación era a los pocos días. Finalmente, el P. Postulador, Teodoro Zamalloa, por medio del Vaticano, pudo sacarlo de la aduana y así presentarlo a su debido tiempo en el Vaticano.
El resto de los peregrinos, unos 800 en 5 autobuses de Bizkaia, otros de Madrid y Córdoba y varios en avión, no tuvieron ningún problema. Al final, mereció la pena pasar algunos apuros y sufrimientos ya que la peregrinación terminó con gran alegría.
A LOS JÓVENES
Muchos jóvenes han desistido de sus ideales. Otros los viven de manera desmesurada y destructora… Un joven sin ideales está condenado al envilecimiento. Un joven con ideales desbocados se hunde en la sima del fanatismo. Es la fe la que verdaderamente ayuda a los jóvenes a escoger sus ideales y a vivirlos con autenticidad y generosidad. La vida de Domingo Iturrate es un testimonio para nuestros jóvenes. A éstos les muestra lo que puede hacer de nosotros un ideal rectamente entendido y noblemente vivido.
(Exhortación Pastoral de los Obispos de Bilbao con ocasión de la Beatificación)
EL DÍA DE LA BEATIFICACIÓN
Eran las 9:15h de la mañana del día 30 de octubre de1983. El cielo estaba gris. Por las calles adyacentes a la plaza de San Pedro un gentío de peregrinos afluía para asistir a la beatificación de Santiago de Cusmano, Domingo Iturrate, religioso trinitario, y Geremia de Valaquia.
Poco a poco se iba llenando la plaza de San Pedro. Un periodista se acercó al P. Juan Mª y le dijo después del saludo: “Mire, comprendo que le beatifiquen a Santiago Cusmano y Geremia de Valaquia, porque son figuras señeras por sus obras en la iglesia. Pero no entiendo que a Domingo Iturrate, que fue un fraile que no salió del convento, le beatifiquen”.
Él le contestó: “Mire, todo el gentío que va entrando por la vía de la Conciliación. ¿A cuántos de ellos les llama Dios para ser fundadores de congregaciones, como Cusmano o un famoso por sus obras de misericordia como Geremia? A pocos o tal vez ninguno. Pero el mensaje de Domingo es muy sencillo y para todos, de una exigencia diaria: No negaré nada a Dios, haciendo lo ordinario extraordinariamente bien, sin que lo noten los demás”.
Y el periodista le contestó: “Ahora lo entiendo. Me basta”.
Por algo, cuando el P. Vicario General de la Orden comunicó a Monseñor Salotti, Promotor General de la fe, la muerte del P. Domingo, contestó con el brazo levantado: “Dejadme… aquel era un santo”. Después, dirigiéndose al P. Antonino, director espiritual del Beato, le dijo: “Mañana celebraré la misa en sufragio del P. Domingo, pero a partir de ahí me encomendaré a él en todas mis necesidades. Les advierto que debieran recoger todos los datos posibles para preparar el proceso a fin de introducir la Causa”.
Todos los cristianos estamos llamados a la santidad. La santidad es don de Dios y tarea nuestra. Domingo colaboró con la gracia: “Procuraré seguir con toda puntualidad las inspiraciones divinas”. Supo luchar, superarse, ser constante, aunque más de cuatro veces constatara su debilidad.
El Papa destacó tres características en su tensión constante hacia la santidad: su vivencia trinitaria y eucarística; la dimensión caritativo-redentora-liberadora y su amor profundamente mariano.
Y todo esto lo vive cada día, en tensión de fe y amor. Lo tiene muy claro: “Lo importante no es hacer muchas cosas, sino hacer bien todo lo que es del agrado de Dios.” Ni más ni menos. Esto es la santidad.
LA VISIÓN DE SU HERMANO IGNACIO
EN EL 30 ANIVERSARIO DE LA BEATIFICACIÓN, ASÍ LE DESCRIBÍA SU HERMANO IGNACIO
¿Cómo era el Beato Domingo?
Yo lo conocí cuando era “santo”. El tenía 26 años y yo 12. Pienso que tendría pasiones, como todos y que habría tenido que hacer una gran violencia en muchas cosas. Pero, cuando yo le conocí, me llamó la atención su ecuanimidad y dulzura. Como ejemplo digo lo que me ocurrió a mí mismo. Yo cursaba mis primeros años de latín. Y, como a todos en esos años primeros, no me resultaba fácil. Teníamos un profesor que, cuando fallábamos, nos reprochaba, airado. Le pedí a mi hermano me explicara y ayudara en el latín. Yo tenía mis fallos en el latín, pero mi hermano nunca se inmutó ni me reprochó nada. Ha sido un recuerdo que le he guardado como exponente de algo especial que vi en mi hermano.
¿Qué aspectos de su vida le llamaron la atención?
La primera cosa que me sorprendió fue su amor a la Eucaristía. Yo en aquellos años todavía no entendía mucho de oración. Y, al ver a mi hermano después de misa, en un recogimiento que me era desconocido, le pedí que me enseñara a orar. Entonces él me enseñó prácticamente, orando conmigo. Aquello me marcó profundamente, al ver cómo él hablaba con Dios, después de celebrar la Santa Misa.
Otra cosa que descubrí en él fue su grande amor a la Virgen. Recuerdo la frase que me dijo: “Ignacio, si amas a la Virgen, todo te irá bien”.
También llamó mi atención su aceptación del dolor. El sabía que su enfermedad no tenía cura. Pero se le veía una gran serenidad y con una sonrisa siempre en los labios. Pocos días antes de su muerte, nos escribía la última carta, en la que se despedía de todos hasta la eternidad.
¿Y como no? Su devoción a la Santísima Trinidad. Todas sus cartas las encabezaba así: “La Santísima Trinidad reine en nuestras almas”. Si de la abundancia del corazón habla la boca, hay que decir que estos encabezamientos de sus cartas eran exponente de que vivía una fuerte devoción a la Santísima Trinidad.
¿Qué aspectos de la santidad del Beato Domingo señalaría como más imitables?
Todo en el Beato Domingo es imitable, dado que él vivió en circunstancias similares a la nuestras. Me permitiría destacar, sin embargo, su fidelidad de no negar nada a Dios, de hacer lo ordinario extraordinariamente bien, sin que lo noten los demás; y el servicio, sobre todo, a los enfermos. También quiero recordar aquella frase que escribió en sus apuntes espirituales: “todo esfuerzo es un avance”. Con ello se animaba él a superar su dificultades. Pienso que todos podemos escoger esta frase como un programa en nuestro vivir cristiano.
(Entrevista publicada en Hoja Trinitaria a raíz de la Beatificación)
CELEBRACIONES
TODOS LOS AÑOS, EN MAYO Y JUNIO, SE ORGANIZAN DIFERENTES CELEBRACIONES EN TORNO A LA FECHA DE NACIMIENTO DEL BEATO
Triduo y misa en el Santísimo Redentor
La fiesta en honor a nuestro Beato se celebra el 11 de mayo, día de su nacimiento, tras un triduo de preparación que tendrá lugar los tres días anteriores a las 20:00h. La celebración parroquial comienza con misas a las 9:00h y a las 11:00h, siendo esta última una Misa de familia. A las 12:30h, se llevará a cabo una misa concelebrada, en la que participan los grupos parroquiales, amigos del Beato y el coro parroquial. Toda la comunidad se une en esta hermosa ocasión de fe y convivencia.
Marcha oracional y misa en la casa natal de Dima
Todos los años, el sábado anterior a la fiesta del Beato Domingo Iturrate se realiza la marcha oracional de tres kilómetros, desde la plaza de Dima hasta la casa natal del Beato. A las 18:00, tras el saludo y recuerdo de los viajes que haría el niño Domingo por este camino, con una oración y canto, comienza la marcha. En cada ermita se hace una reflexión, oración y canto. En la casa natal suelen esperar más personas que llegan en autobús, coche o andando. La eucaristía, con el coro de Dima, anima a seguir el camino del Beato Domingo. Al finalizar, se besa la reliquia y se pide su intercesión. La jornada termina con una merienda.
Encuentro anual de los Iturrate
El primer sábado de junio se celebra el encuentro de la gran familia de los Iturrate. Desde hace más de cuarenta años se reúnen los familiares del Beato para recordarlo y estrechar los lazos. Normalmente se va cambiando el lugar de encuentro, aunque todos siguen un esquema similar. Se comienza por la mañana con el encuentro de todos los participantes para después celebrar a mediodía la eucaristía. Finalmente, se termina la jornada con una comida de fraternidad.






