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El Beato
El Beato Domingo Iturrate Zubero, sacerdote trinitario, nació en Dima (Bizkaia) el 11 de mayo de 1901. Fue el mayor de 11 hermanos. Fue un niño ejemplar que creció en un ambiente muy religioso. Modelo de virtud en su juventud; vivió con toda radicalidad la vocación religiosa. A los 13 años abandonó el caserío de sus padres y entró en el seminario de los trinitarios. Allí, se caracterizó por ser un buen alumno y por su tenacidad en los estudios. Con 18 años se marchó a estudiar a Roma (1919-1926), en la universidad Gregoriana de los Jesuitas, donde se doctoró en Filosofía y Teología de manera brillante.
Hizo el noviciado en Bien Aparecida (Cantabria), donde emitió el 1 de diciembre de 1918 los votos temporales en manos de su superior. El 23 de octubre de 1922, fiesta de Jesús Nazareno Redentor para los trinitarios, había hecho su profesión solemne. Aunque deseaba ser misionero, sus superiores le aconsejaron su dedicación a la formación y al ejercicio del ministerio. El 9 de agosto de 1925 fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicario de Roma, Mons. Pompilli. El 15 del mismo mes, fiesta de la Asunción, cantó su primera misa solemne en la capilla de las religiosas Adoratrices en el marco de una liturgia rebosante de júbilo por la subida de María a los cielos. Pero su sacerdocio duró poco tiempo. En la plenitud de su vida le diagnosticaron una enfermedad incurable que Domingo aceptó con entereza, entregándose a la voluntad del Señor. El 7 de abril de 1927 murió en el Convento de Belmonte (Cuenca) enfermo de tuberculosis. Tras una segunda exhumación, sus reliquias se veneran actualmente en la iglesia trinitaria del Santísimo Redentor de Algorta (Bizkaia). La fama de santidad de Domingo Iturrate se fue extendiendo y se ha convertido en un modelo “asequible” de santo para jóvenes y no tan jóvenes, religiosos y sacerdotes. Fue beatificado por Juan Pablo II, el 30 de octubre de 1983, quien afirmó: “Todo lo orientaba hacia la Trinidad y todo lo contemplaba desde ese inefable misterio… Una fidelidad a la llamada interior y una respuesta generosa a la misma. Como religiosos trinitario, procuró vivir según los dos grandes ejes de la espiritualidad de su Orden: el misterio de la Santísima Trinidad y la obra de la redención, que en él se hacía vivencia de intensa caridad…”
Los grandes amores de Domingo fueron la Santísima Trinidad, la sagrada Humanidad de Cristo, la Eucaristía y la Santísima Virgen María. La Virgen aparece en sus escritos y cartas unida a Jesús y, en alguna otra ocasión, a la Santísima Trinidad. Sin duda, amaba a la Virgen como una madre suya: “Yo me he consagrado y entregado enteramente a Jesús por María. Por consiguiente, de aquí en adelante, en todo me consideraré como una cosa suya, de suerte que en cualquier cosa que me suceda, sea próspera o adversa, según o contra mi voluntad, diré: Soy de Jesús y María; por consiguiente, que hagan de mí lo que más les agrade”.
El SECRETO de su vida, lo expresaba él mismo: “En las cosas pequeñas de cada día cuidar la fidelidad y poner todo el amor en el empeño”. Era una frase muy querida para él: “Hoy y aquí, hacer lo mejor posible lo que tengo delante, porque esa es la voluntad de Dios”
Desde el convento de Algorta, enfermo, terminaba así una carta escrita en euskera a sus compañeros de Roma:
“Adiós. Vive bien, busca la santidad y estudia mucho. Adiós. Fr. Domingo.”
Domingo Iturrate
HARÉ LO ORDINARIO EXTRAORDINARIAMENTE BIEN
“Esto es lo único que debemos desear en esta vida: el servicio de Dios. Todas las cosas, fuera de amar a Dios son transitorias y perecederas. Las riquezas y comodidades de esta vida no son otra cosa que un placer momentáneo, que no pasa más allá de la muerte. Y además de ser tan cortas, están mezcladas con tantas amarguras y cuidados. Por eso debemos procurar atesorar riquezas espirituales, que siempre duran y nos conducen a una vida eternamente feliz. Los bienes de este mundo debemos considerarlos como medios que Dios nos da para que le sirvamos con más facilidad”.
Domingo Iturrate
ÓLEO DEL BEATO DOMINGO ITURRATE
Hablar del lienzo del Beato Domingo Iturrate es ahondar en su propia biografía. Es un óleo de gran formato 173x260cm. que representa una glorificación del Beato.
Él aparece solemne con el libro de la regla de la Orden de la Santísima Trinidad en la mano, con estola y en alusión a su ferviente devoción al Santísimo Sacramento; porta en su mano la custodia de San Carlino, de Roma, con la Eucaristía.
Sobre su representación y amparando la escena, envuelta en una Gloria; se presenta la Virgen del Buen Remedio, patrona de los trinitarios y por La que él profesaba gran devoción.
Del cielo pasamos a lo terrenal; tras el Beato Domingo y envuelto en una atmósfera típica, afloran la iglesia de Dima y su casa natal, tratados con una pincelada muy fugaz.
Cierra la composición unas ramas de nogal e higuera en alusión al oficio que desempeñaba en su familia recogiendo aquellos frutos y destaca el detalle simpático del gorrión picando un higo.
Pero si por algo destaca la obra, es por la mirada, el empleo de la anarkasis, una técnica pictórica que permite que te siga con la mirada según te desplazas, le da vida y realismo a su figura.
Explicar qué se ha sentido al elaborar la obra no es fácil, pero sí cómo sentía el espíritu de humildad que llevó en vida. Su lema de vida, reivindicando lo sencillo pero dignificándolo, unido a la gloria que se merecen aquellos que honran a Dios, han sido los motores para crear y dar sentido a esta obra, que desde Bizkaia recordará la figura y el ejemplo de tantos trinitarios menos conocidos de nuestra historia reciente.
Felipe Herreros Rodero. Lcdo. en Bellas Artes
(Villanueva del Arzobispo, Jaén. 1984)














